Los años dorados
Es propio de la naturaleza humana convertir el pasado en un mosaico resplandeciente. Esto ocurre porque no todos los acontecimientos pueden tener la misma importancia y alcance, y porque la imaginación tiene ciertos temas predilectos a los que vuelve con especial agrado. En la historia de la Burschenschaft, la época de los años veinte se recuerda con mucho cariño y respeto. Por ello, la denominación de «época dorada», que en algún momento le dio un ingenioso hermano de la corporación, corresponde plenamente a estos sentimientos. Es difícil juzgar si otras etapas fueron realmente menos «doradas». Para no romper con la tradición, la década de 1920-1930 seguirá conservando el nombre de «época dorada». Quizá su rasgo más característico sea el éxito inmediato que acompañó entonces todos los esfuerzos y proyectos de la corporación. Ya no se necesitaba una preparación interminable para alcanzar un objetivo: bastaban la voluntad decidida y el trabajo enérgico. Los hermanos formaban por entonces una unidad viva y, por eso, muchos proyectos pudieron concretarse en poco tiempo.
Por otra parte, hay que reconocer que la solución de muchos asuntos necesariamente debía llegar en aquella época, porque ya se venía trabajando en ellos desde hacía muchos años. Ejemplos de ello son la compra de la primera casa propia y la obtención de la personalidad jurídica en 1924. La compra de la sede de Miraflores 239 (1920) fue el primer gran acontecimiento de esta década. Naturalmente, aquello estuvo lejos de poner fin a las mudanzas; por el contrario, los traslados reiterados siguieron siendo una de las particularidades de la Burschenschaft, con la diferencia de que, después de la compra en la calle Miraflores, cada vez se pudo ocupar una casa mejor.
Con esta compra, la B.A. había dado un gran paso adelante. Desde entonces, todos los Fuchsen provenientes de provincias estaban obligados a vivir en la casa de la B.A.; al contar con una sede propia, toda la vida de la corporación adquirió un ritmo más regular. Allí, la Burschenschaft Araucania retomó los encuentros sociales y las festividades interrumpidos por la guerra mundial y solo entonces alcanzó su verdadera época de esplendor. En aquellos años, la corporación participó activamente, como nunca antes, en la vida de la comunidad alemana.
También en esta época comenzó una participación aún más activa de los Alte Herren en los asuntos de las demás instituciones germano-chilenas y su disposición a asumir responsabilidades en sus respectivos directorios. A lo largo de las décadas, numerosos Alte Herren han contribuido de manera decisiva al desarrollo de la comunidad germano-chilena en este ámbito, de forma totalmente desinteresada y con gran espíritu de sacrificio.
Los aniversarios y Kommerse de la B.A. eran por entonces celebraciones en las que participaba prácticamente toda la comunidad alemana. Al igual que en tiempos de la «Polyulkia», volvió a destacar dentro de la Burschenschaft un grupo de hermanos talentosos que disfrutaba mucho de la poesía y la música. Entre sus logros más notables cabe mencionar, en especial, la representación de una parodia de ópera escrita por ellos mismos en un teatro arrendado expresamente para la ocasión. Es fácil comprender que, después de una presentación de este tipo, la Burschenschaft recibiera un lugar de honor muy especial dentro de la sociedad de habla alemana de Santiago.
Pero la corporación había alcanzado un punto culminante no solo en el ámbito intelectual, sino también en el deportivo. En las instalaciones del club deportivo alemán, en la calle Margarita (más tarde rebautizada Carlos Antúnez), esquina Los Leones, más de un hermano dedicaba gran parte de su tiempo libre a entrenar seriamente. De este modo, los estrechos vínculos con el club deportivo significaban no solo amistad, sino también una verdadera aspiración a conseguir logros deportivos.
El mejor ejemplo de la atención que despertaba en amplios círculos la vida de la Burschenschaft Araucania son los intentos de crear otras corporaciones similares. El primer paso se dio en 1920, con la fundación del «Akademischer Verein Cheruskia». La idea surgió de un grupo de estudiantes entre los que se encontraban antiguos miembros de la Burschenschaft Araucania. En 1922, esta asociación adoptó el nombre de «Burschenschaft Cheruskia», pero sus actividades volvieron a suspenderse algunos años después. Solo con la fundación de la «Burschenschaft Andinia» (26 de agosto de 1926) surgió en Santiago una segunda corporación estudiantil que continúa existiendo exitosamente hasta hoy.
En la ciudad universitaria de Concepción, la idea de fundar una Burschenschaft tuvo mayor éxito desde el primer intento. Con el apoyo activo de los Alte Herren de Araucania residentes en Concepción, el 13 de agosto de 1924 se logró dar vida a la «Burschenschaft Montania». Desde el comienzo, ambas Burschenschaften estuvieron estrechamente unidas. Esto se debió, especialmente, a que la corporación de Concepción buscó conscientemente en Araucania el modelo que necesitaba para sus difíciles primeros años. Por entonces, apenas había una cuestión que surgiera en Montania y que no se hubiese discutido antes en la corporación de Santiago. Los problemas de la joven corporación durante los años veinte eran, en el fondo, los mismos que Araucania había enfrentado dos décadas antes. De esta relación surgió una colaboración muy beneficiosa para ambas corporaciones.
Otra circunstancia contribuyó a estrechar aún más los vínculos entre las Burschenschaften Araucania y Montania: la amistad sincera y la disposición a ayudar con que los Alte Herren de Araucania acompañaron a la joven corporación, en particular el A.H. Christoph Martin, residente en Concepción. Sentían que se trataba de continuar el trabajo por su propia corporación que había quedado interrumpido por el cambio de residencia.
En 1931, la amistad entre ambas corporaciones quedó documentada en un acuerdo. El A.H. Dr. Christoph Martin se encargó de redactar el llamado convenio de cartel y amistad. La propuesta que presentó al B.R. de Araucania el 29 de agosto de 1931 fue aprobada sin modificaciones y, desde entonces, reguló todas las cuestiones importantes para las relaciones mutuas entre ambas corporaciones. Las disposiciones actualmente vigentes corresponden en lo esencial a aquella propuesta.
En este acuerdo, las Burschenschaften se denominan corporaciones hermanas. Desde entonces, Araucania y Montania son las únicas corporaciones hermanas de Chile. En el apartado del contrato titulado «De las corporaciones» se señala textualmente: «Cada una de las dos tiene el derecho y el deber de defender públicamente a la corporación hermana, apoyarla cuando sea necesario, pero también llamarla al orden si no se comporta de acuerdo con sus principios fundamentales». Quizá estas líneas expresen mejor que ninguna otra el espíritu que da éxito y eficacia al acuerdo. Lo que allí quedó registrado no representaba el inicio de esfuerzos por llevarlo a la práctica, sino más bien el reconocimiento oficial de hechos que existían desde hacía mucho tiempo.
El año 1931 todavía estuvo plenamente iluminado por la llamada «época dorada». Por una parte, estaba la ya mencionada amistad entre las corporaciones Araucania y Montania. También se procuró ese año dotar a la corporación de un boletín informativo. El boletín «Araucania» se convirtió después en una revista que la asociación de Burschenschaften chilenas publicaba con el nombre de «Der Burschenschafter». Sin embargo, esta publicación tuvo una vida breve. Luego pasó a ser el boletín del vínculo de cartel Araucania-Montania. En esa forma existió durante algún tiempo y realizó una valiosa labor al servicio de la unidad entre las Burschenschaften.
Pero el acontecimiento más importante de 1931 fue, por lejos, el nombramiento de los fundadores Martin, Münnich y Petersen como miembros honorarios. Para más de un hermano, esto debió significar el cumplimiento de un deseo mantenido en silencio durante mucho tiempo. La corporación había alcanzado ya hacía años la madurez. Sólidamente afianzada en su interior y reconocida en su entorno social, conseguía que su voz fuera escuchada y respetada en todas partes. Sin embargo, faltaba reconocer a los patriarcas de la institución. La ceremonia solemne en la que la corporación distinguió con la calidad de miembros honorarios a los queridos Alte Herren Martin, Münnich y Petersen fue, por tanto, la oportunidad largamente esperada para rendir tributo ante la comunidad alemana a los hombres a quienes se debía todo. Pero este acontecimiento también marcó la despedida de una época a la que nunca le faltó brillo externo y que se consideraba como la realización de muchos objetivos y aspiraciones de la Burschenschaft. La década siguiente desmintió esta apreciación en la medida en que los hechos demostraron que no es la buena disposición del entorno, sino sus adversidades, lo que convierte a una institución en una unidad estrechamente cohesionada.
A los acontecimientos mencionados, con los que quizá de manera algo arbitraria se delimita una época, se suma la compra, en 1932, de una nueva casa en Catedral, esquina Almirante Barroso. El antiguo edificio de Miraflores, en el que la B.A. había encontrado su primera sede propia, había cumplido su ciclo y tuvo que ser desocupado debido a su mal estado. La casa de Catedral, dicho sea de paso, tampoco era precisamente nueva. Aun así, prestó buenos servicios durante diez años.
