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La división de la colectividad alemana en Chile

Ponerse al servicio del cultivo y la conservación de las costumbres y la identidad alemanas. Llevar a la práctica esta idea significaba para cada hermano enriquecer sus conocimientos generales y participar más directamente en asuntos culturales. Desde el comienzo, estas aspiraciones de la Burschenschaft estuvieron completamente alejadas de cualquier toma de posición política. Aun así, ello no impidió que en los años treinta se viera obligada a debatir también cuestiones políticas, porque el Reich alemán las incorporaba deliberadamente a los asuntos puramente culturales o las situaba por encima de ellos. Durante la Primera Guerra Mundial, la Burschenschaft había tenido que pronunciarse por primera vez sobre cuestiones de este tipo. Sin embargo, con la llegada del nacionalsocialismo al poder en Alemania (1933), la mezcla de conceptos culturales y posiciones políticas se hizo todavía más evidente. Este hecho tenía mayor importancia para las personas de ascendencia alemana en Chile que para los ciudadanos del Reich, pues para las primeras se trataba ante todo de cultivar valores culturales.

El miembro chileno de la Burschenschaft percibía esta situación con especial intensidad, porque ya había adquirido cierta formación en este ámbito. Por eso, en la corporación se miraba con escepticismo a la Alemania política. Conscientes del profundo arraigo de la Burschenschaft en el país y el Estado de Chile, se procuró mantener a la corporación, como institución, alejada de todo movimiento de orientación política. El respeto debido a la patria chilena tampoco permitía otra actitud. Pese a todo, o quizá precisamente por ello, la corporación no pudo evitar un duro enfrentamiento con otras instituciones germano-chilenas.

El «Jugendbund», creado por entonces e integrado al principio por miembros del movimiento Wandervogel, llegó a ver, a medida que se desarrollaba, los verdaderos ideales de la época en los objetivos nacionales y sociales del Tercer Reich. Naturalmente, buscaba incorporar también a sus filas a la juventud universitaria de ascendencia alemana. Las Burschenschaften se opusieron a ello, pues no se sometían a la uniformización política que se pretendía imponer. Frente a los objetivos del Jugendbund, orientados enteramente hacia Alemania, la corriente «menos alemana» de la Burschenschaft empezó a manifestarse también públicamente con creciente fuerza, como una especie de contrapeso, para subrayar así su pertenencia a Chile. El enfrentamiento era, por tanto, inevitable y resultó saludable para la Burschenschaft en la medida en que contribuyó a depurar su propia naturaleza y dio lugar a un balance intelectual que sería fundamental para su desarrollo posterior.

Las discrepancias comenzaron en 1934 y se agudizaron en 1936, cuando el Jugendbund exigió oficialmente a la B.A. que renunciara a actuar de manera independiente y reconociera la dirección de aquella organización. Ante una petición tan extraordinaria, la Burschenschaft respondió primero intentando aclarar la distinta naturaleza de ambas instituciones, que excluía semejante subordinación. Según se escribió entonces, el Bund era una organización juvenil integrada por niños y adolescentes, quienes dejaban de estar bajo su supervisión al terminar el colegio. La Burschenschaft, en cambio, era una organización de jóvenes universitarios, de modo que solo cabía una complementación mutua. El Jugendbund respondió a esta carta de la corporación creando su propia asociación de estudiantes. Poco después declaró que existía una incompatibilidad absoluta entre el Jugendbund y la Burschenschaft. Esta declaración se produjo en 1936 y con ella el enfrentamiento pareció terminado, porque después de una manifestación tan clara ya no había nada que discutir. Sin embargo, la correspondencia continuó. Las cartas y publicaciones del Jugendbund adquirieron un tono cada vez más ofensivo, por lo que la corporación se sentía obligada a responder en cada ocasión.

Sin duda, el punto culminante de este enfrentamiento fue el encuentro que la corporación celebró en febrero de 1937 en Valdivia y que, en principio, debía cerrar las festividades de su 40.º aniversario. Incidentes inequívocos demostraron la profundidad de la brecha que separaba a los círculos alemanes. Durante el Festkommers del encuentro, realizado en el gimnasio del Colegio Alemán, el A.H. Friedrich Karl Saelzer pronunció un discurso de gran contenido en el que examinó los fundamentos históricos e ideológicos que habían determinado la conducta de la corporación desde su fundación. Después de esta intervención, el Dr. Paul Sievers, entonces director del DCB, consideró necesario abandonar el salón para expresar su malestar ante la posición expuesta. Esto volvió a endurecer el tono de las disputas entre los miembros de las Burschenschaften y los nacionalsocialistas.

La división dentro de la colectividad alemana en Chile solo volvió a superarse cuando, tras largas negociaciones en el ámbito del DCB, los chilenos de ascendencia alemana, encabezados por el A.H. Fernando P. Fonck, retomaron la dirección del DCB y de otras instituciones, de la que se habían apartado durante años. En efecto, entre abril de 1935 y mayo de 1938, el DCB había estado dirigido por ciudadanos del Reich de orientación nacionalsocialista y germano-chilenos afines. En la asamblea anual del DCB del 21 de mayo de 1938 en Santiago, en la que se concretó este cambio, tanto el Jugendbund (Karl Roth) como la B.A. (estudiante de Medicina Juan Hepp) manifestaron expresamente su disposición a una colaboración pacífica.

Al mismo tiempo se modificaron los estatutos del DCB para que, aunque los ciudadanos del Reich no tuvieran prohibido ser socios, no pudieran ocupar un puesto en el directorio. Desde entonces, al menos durante los años de guerra, Fernando P. Fonck permaneció al frente del DCB y otros Alte Herren de la corporación constituyeron también la mayoría de los miembros del directorio. Cabe mencionar, asimismo, que esta prohibición adoptada como medida de emergencia fue derogada en los años de posguerra.

Como consecuencia de este cambio, el Jugendbund fue integrado al DCB como agrupación juvenil. El fundador y hasta entonces único dirigente de la organización, el carismático germano-chileno Adolf Schwarzenberg, quedó excluido definitivamente de su dirección. Para ser fieles a la verdad histórica, hay que reconocer que ya en 1932 Schwarzenberg había elaborado un programa atractivo para la juventud, que merecería una valoración elogiosa si no hubiera contenido, de manera implícita y a veces más que implícita, un compromiso político. La desconfianza mutua que surgió entonces entre las tres Burschenschaften existentes y la organización juvenil nunca llegó a disiparse por completo. Las Burschenschaften reconocieron, sin embargo, que su forma de actuar había sido correcta, y gracias a esta posición tanto ellas como el DCB, el Condor —periódico de la comunidad dependiente del DCB—, así como los colegios, las iglesias, los cuerpos de bomberos y la mayoría de los clubes deportivos y sociales se libraron de una clausura forzosa durante los años de guerra.

Pese a las adversidades de aquella época, la Burschenschaft no dejó de mantener relaciones con diversas instituciones alemanas, incluso durante el Tercer Reich. Gracias a estos esfuerzos fue posible celebrar un convenio especial de intercambio estudiantil con el Servicio Alemán de Intercambio Académico. Sin embargo, los acontecimientos de la guerra que pronto comenzó hicieron que durara poco. La participación de la Burschenschaft en actos organizados por ciudadanos del Reich también se mantuvo hasta el comienzo de la guerra. En 1938 se participó en la fiesta popular alemana y en la ceremonia de conmemoración de los héroes. Estos hechos demuestran que, pese a toda la falta de entendimiento en el terreno político, se sabía lo que se debía al país de la lengua materna.