Vida universitaria hacia 1895
La última década del siglo XIX estuvo fuertemente marcada en Chile por los dramáticos acontecimientos de la Revolución de 1891. Es innegable que el curso sangriento de esta guerra civil tuvo, de algún modo, un efecto aleccionador en el ánimo de todos los chilenos. Un espíritu de razón y reconciliación comenzó a desplazar poco a poco la falsedad, el orgullo y el egoísmo. Cada persona tomó conciencia, aunque fuera de manera imprecisa, de que esas habían sido las verdaderas causas de la división del pueblo.
La trágica muerte del presidente José Manuel Balmaceda hizo que se extendiera por el país una atmósfera de conciliación. Como era de esperar, esta disposición a la apertura también se había afianzado en las universidades. En interminables debates, los estudiantes intentaban replantear antiguas preguntas y mirar el futuro desde una nueva perspectiva. Conviene señalar desde ya que los inmigrantes alemanes del sur del país y la generación que les siguió casi no tenían contacto con la zona central de Chile. En primer lugar, durante los difíciles años iniciales estaban tan dedicados a las labores agrícolas y a las pequeñas industrias que surgieron de ellas que no disponían de tiempo ni sentían un deseo marcado de establecer vínculos con el resto del país. En segundo lugar, hay que recordar que Temuco no fue fundado hasta 1881 y que la primera conexión ferroviaria con Puerto Montt no se estableció hasta 1911.
En la época en que nació la asociación, la vida universitaria en Chile se limitaba a dos universidades: la Universidad de Chile, una universidad estatal, y la Universidad Católica, que al principio era sostenida únicamente por la Iglesia católica y fundaciones privadas; posteriormente también contribuyó el Estado chileno.
La Universidad de Chile surgió en 1842 de la Real Universidad de San Felipe, con sede en Santiago, la única universidad existente desde el período colonial bajo dominio español. La Universidad Católica fue creada en 1888, aunque con menos facultades. Durante varias décadas, en la práctica solo la Universidad de Chile fue considerada como lugar de estudios por los estudiantes de ascendencia alemana.
En la vida universitaria de entonces, la Facultad de Medicina ocupaba un lugar especial. Gracias a sus destacados logros, se había convertido paulatinamente en el centro de la Alma Mater y, por ello, tenía la capacidad de reunir a su alrededor a muchos de los mejores jóvenes universitarios. Entre estos futuros médicos, dentistas y farmacéuticos —en aquella época las tres carreras dependían de la Facultad de Medicina—, los hijos de padres de ascendencia alemana pronto demostraron que ocupaban una posición algo particular entre sus compañeros. Su posición social gozaba de una consideración equivalente a la de los hijos de familias chilenas distinguidas o de la esforzada clase media. Dentro de la actividad universitaria no destacaban por ninguna peculiaridad. Sin embargo, al observar lo que ocupaba e inquietaba a estos estudiantes de ascendencia alemana, podía advertirse que, dentro de un marco de amistad sincera y discusiones críticas, los llamados "alemanes" añadían como elemento nuevo el cultivo de la tradición alemana que habían heredado. Sus compañeros de origen iberochileno percibían esa tradición, aunque no llegaban a comprenderla del todo. Pero no constituía un obstáculo para el entendimiento mutuo; por el contrario, gustaba reunirse con estos jóvenes descendientes de alemanes, cuyas opiniones arrojaban nueva luz sobre algunas cuestiones oscuras de los acontecimientos nacionales. La buena disposición con que las personas se trataban en aquellos años posteriores a la revolución, como ya se ha mencionado, contribuyó sin duda a la comprensión y el reconocimiento de que pudieron disfrutar los estudiantes de ascendencia alemana.
En 1894 ya podía hablarse de un verdadero círculo de estudiantes universitarios de habla alemana. Por entonces, este grupo se reunía en el barrio que se extendía a lo largo de la calle Independencia. No lejos de la Escuela de Medicina había un pequeño edificio bajo en una esquina, con un marco de puerta de madera deteriorada, paredes encaladas y tejas desgastadas de color café amarillento. Era una farmacia, la "Sucursal de la Botica del Indio", y puede decirse que cumplía una doble función. Bajo la dirección alternada de los señores Kuschel, Luis Doggenweiler y Fryderup, era el único negocio de esa zona en el que podían venderse gotas, pastillas y cualquier otro medicamento habitual, recetado por el propio dueño. Además, las dependencias del establecimiento servían como sala de estudio para los amigos de sus propietarios. Llegaron incluso a pasar su tiempo libre en la farmacia, en una de sus piezas traseras, tomando un buen vaso de cerveza. Con frecuencia continuaban la reunión en el local de la llamada "Ollen Fischern", situado dos casas más allá. Probablemente fue el buen consejo de un cliente bienintencionado, al que no le habría gustado encontrar cerrada la "Sucursal de la Botica del Indio", lo que llevó a proponer ese cambio en las costumbres del alegre grupo.
A comienzos de 1895, el círculo de jóvenes de habla alemana creció considerablemente. Debió de reunir a unos veinte estudiantes que se trataban de manera habitual. Entre ellos estaban entonces los estudiantes Fryderup, Hollstein, Martin, Gunkel, Buschmann, Kuschel, L. Doggenweiler y A. Muhm. Después de las vacaciones de verano, algunos amigos no regresaron a Santiago porque habían terminado sus estudios. En cambio, se integraron al círculo estudiantes de los primeros años. Esta circunstancia, es decir, la existencia de un grupo que sus compañeros reconocían espontáneamente como tal, probablemente hizo que a más de alguno se le ocurriera la idea de fundar una asociación.
